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mientrashayaluz

Respuesta de Rafael Reig

Comentario: Una de las partes que más me gustan del Periódico de los domingos (en el caso de Público) es sin duda el apartado de CARTA CON RESPUESTA de Rafael Reig. Como muestra os dejo la siguiente:

 

EL TIMO DEL SEXO

 

Carta del lector:

 Es curioso que un Gobierno que se arroga la defensa en exclusiva de los valores de la izquierda, y muy especialmente de los derechos de la mujer, se limite a promover una pedagogía de la salud sexual y seguridad preventiva incurriendo en la banalización de la sexualidad, que deja reducida a un puro tema vaginal: condones, píldoras y aborto libre, sin aportar un planteamiento ético para el fomento de la sensibilidad solidaria, la educación emocional y la responsabilidad compartida en las relaciones de pareja y sus consecuencias.

 JORDI S. BERENGUER BARCELONA

Respuesta de Rafael Reig:

Que se aporten (además) cuantos “planteamientos éticos” sean menester, pero eso ¿qué tiene que ver con el reconocimiento de derechos y la política sanitaria? No todo se reduce a votar, pero habrá que garantizar eso: que puedas votar, que haya papeletas, que el proceso sea limpio, etc. La doctrina sobra en la ley electoral. Pues lo mismo: es indispensable que haya información, acceso a anticonceptivos, derecho al aborto, etc. La ética ya la pondremos nosotros. ¡Será por ética! Si aquí todo quisque tiene dos o tres a su disposición.

Según la Moliner, banalizar es “quitar o no dar importancia a algo”. Por mí, cuanto más se banalice la sexualidad, mucho mejor. Crecí en un país de “obsexos”, como se decía. Había adultos que hasta emprendían viaje sólo para ver la escena de la mantequilla. Comprendo que para los curas la sexualidad adquiera una dimensión obsesiva y mortificante, pero los demás ¿no podemos vivirla de una forma más sana y normal: es decir, banalizarla lo más posible?

¿Sexo banal? ¡Menudo alivio! ¿Dónde hay que apuntarse? Hacemos todo lo posible por banalizar el sexo, pero es inútil, no se preocupe: no se deja banalizar, siempre hace trampa y se queda con mucho más de nosotros de lo que nos da a cambio. Más atención, más emoción, más identidad, más dolor, más culpa, más entusiasmo… ¿a cambio de qué? ¿A que nunca salen las cuentas? El sexo puede que sea un timo, pero ¿banal? ¡Ni aposta! Y si es un timo, será el de la estampita: picamos encantados, pero de mala fe, convencidos de que vamos a salir ganando. Nos está bien empleado.

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