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El dislate de Reganosa. Por Miguel Ángel Aguilar

Miguel Ángel Aguilar - 05/03/2010
 
Se veía venir y en estas mismas páginas (véase CincoDías del 30 de noviembre de 2007) se advirtió del dislate que suponía instalar en la ría de Ferrol la planta de regasificación promovida por Reganosa. Una barbarie contra la que se venía estrellando la oposición ciudadana. Pero de nada han valido los clamores para poner coto a la suma de ilegalidades, el absurdo de su ubicación y los incumplimientos de las más elementales normas de seguridad industrial y medioambiental. La lucha contra semejante desatino tiene un rastro en los tribunales de justicia reflejado en el procedimiento ordinario 966/2004, es decir que va para siete años, sin que haya logrado pasar la barrera del silencio, excepción hecha del eco alcanzado en el diario La Opinión de La Coruña. De ahí la consiguiente desatención de la Xunta de Galicia pese a la sucesión de Gobiernos de diferente coloración política.
 
El presidente socialista Emilio Pérez Touriño, cuya mayoría parlamentaria completaban los del BNG, tan radicales y tan ecologistas ellos, se comportaron como si debieran subrogarse en las corrupciones financieras y políticas de los tiempos de Manoliño Fraga. Y ahora el nuevo presidente Alberto Núñez Feijóo, del Partido Popular, se siente del todo legitimado para seguir en la misma línea sin necesidad de hacer oídos sordos porque la cuestión sólo sigue mereciendo un estruendoso silencio mediático. Como dijimos en su día, a la planta de Reganosa sólo se puede acceder desde el mar abierto a través de un estrecho canal de escasa profundidad y de más de 4 kilómetros de longitud, condiciones que impiden el tránsito de los grandes buques gaseros. Así las cosas, el número de buques metaneros que son compatibles con nuestra planta es muy reducido y de ese número están excluidos los nuevos buques de tecnología Q-Flex y Q-Max que incorporan medidas adicionales de seguridad pero que dadas sus dimensiones quedan descartados.
 
Pasemos de puntillas el peligro que supone la planta para las más de 7.000 personas que viven dentro de un radio inferior a 2.000 metros con viviendas a distancias de apenas 80 metros; también que los fondos marinos de este canal estén clasificados como lugar de interés comunitario (LIC) bajo normas de protección integral, lo cual excluye la posibilidad de proceder a dragarlos. Pero debemos reseñar que los tanques de la planta se encuentran en Punta Promontorio, dentro de la zona de seguridad para la Defensa Nacional situada frente al arsenal de El Ferrol. Asombra que todo este proyecto haya podido culminarse cuado los buques gaseros con su carga de Gas Natural Licuado (GNL) quedan fondeados a menos de 200 metros de los buques de la Armada y del resto de las instalaciones navales complementarias. En todo caso, resultó indeleble la lección aprendida en agosto de 1999 cuando el contralmirante Pedro Español Jofre de Villegas, con el respaldo del almirante jefe de la Zona Marítima del Cantábrico, Rafael Morales Robledo, hizo constar la gravedad de la situación que venimos describiendo sin que se registrara otra reacción del ministro de Defensa, Federico Trillo, que la de pasar a la reserva a dicho almirante.
 
El asunto sigue bullendo porque, entre otras, la Plataforma de Veciños de O’Cruceiro de Mehá acaba de solicitar, con fecha de 3 de marzo de 2010, a la Sección Sexta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, la ampliación de prueba en el procedimiento arriba citado número 966/2004. La solicitud menciona documentos que se propondrán como prueba pero que no han podido ser aportados porque dan cuenta de hechos de fecha posterior al periodo de proposición. Se trata de la Nota de Operación número 5, de fecha 26 de febrero de 2010, emitida por Enagás, como gestor técnico del sistema gasista. En resumen, consiste en el desvío de un buque metanero y de un cambio de destino a una planta, la de Reganosa, distinta de la que figuraba originariamente designada para la descarga del GNL. La nota de Enagás trae causa de la necesidad de mantener las necesarias existencias mínimas de gas licuado por debajo de cuyos niveles se derivan peligros inadmisibles.
Súmese al asombro del desastre económico de Reganosa para el sistema gasista del Estado el fantástico negocio que ha supuesto para los inversores, que perciben una retribución de más de 60 millones al año pese a que la planta es deficitaria y está por debajo de la actividad mínima, y al mismo tiempo obsérvese que el déficit del sector gasista en 2009 fue de 60 millones.
 
En resumen, que la planta de Reganosa es generadora de problemas de operatividad y seguridad, deficitaria para el sistema, con rendimientos insuficientes y perturbadora para el sistema gasista. El paso del tiempo ha ratificado el desatino que los tribunales dejan sin proveer como en justicia corresponda.
 
Miguel Ángel Aguilar. Periodista

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